Caricias extinguidas
Entró casi por instinto, buscando un espacio cerrado en el que esconderse de sí mismo, como quien busca la sombra de un fulminante mediodía.
El calor era sofocante, a esa hora cualquier rincón le parecía un oasis improvisado suficientemente confortable. Sin embargo, era un lugar estrecho, incómodo, oscuro, y hasta apestoso. Pero entró y buscó el primer taburete libre para sentarse. Mientras cruzaba la incomprensible línea paralela que dibujaba el collage de baldosas con la barra, nadie movió una pestaña, como si ninguno advirtiera su paso, o le importara lo más mínimo su presencia.
Sudaba. Odiaba sudar así. Pero pensarlo parecía activar aún más todas sus glándulas. Necesitaba tomar un cerveza. De repente, apareció, casi emergiendo de entre la grasienta disposición de botellas y tazas, un mujer. Le miraba sin decir nada. Esperaba su decisión.
Pero él quedó atrapado en su escote.
Blanco, generoso. De una flacidez tan melancólica como virgen. Aquel escote le apartó de su propio agotamiento. Se detuvo frente a él para gritarle su oportuno socorro.Y en una absurda intimidad empezó a confesarle todo.
Tenía su propia historia. Necesitaba contarla. Y lo escogió a él. Y él se rindió a sus encantos y no pudo negarse.
Le hablaba de soledad. De años perdidos tras otras barras, también fogones y cuartos de atrás. Siempre rodeado de grasa. Le contó de cómo y porqué fue perdiendo la turgencia sin llegar nunca a saciar otra curiosidad. Sin asomarse a otras vidas que espiaran su silencio.
El escote rompió a llorar. Al ver en sus ojos el reproche del porqué. Y entre sollozos admitió haberse rendido mucho tiempo antes, hacia demasiado tiempo ya. Ahora le daba igual mostrarse apenas o esconderse. Ya no importaba la oportunidad de otras miradas.
Se sintió angustiado. En una comunión inexplicable. Al fin lo había encontrado, con la cruel certeza de haber llegado demasiado tarde. Pero ahí estaba, desarmado frente a él. Ridículamente enamorado de aquel escote; blanco, generoso y flácido.
…
-” oiga, me va a decir de una vez si quiere tomar algo o qué?! “
…
Y aquella voz arañada, cansada, apostada entre la abulia y la decepción, volvió a secuestrar la voluntad de cualquier otra ocasión tras el destiempo de un bar.







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