La terraza
Cuando cerraba la puerta tras su espalda, siempre asomaba un suspiro.
Empezaba una vez más la rutina, sin embargo, disfrutaba de su libertad condicional en ese préstamo de soledad que le concedía saber que ninguno estaba en la casa durante al menos unas horas. A pesar de todo el trabajo que le esperaba y de los casi malabares que hacía con el tiempo para que le alcanzara, era su tiempo, y le gustaba estar sola. La vida se había dispuesto de tal manera, que a poco más aspiraba ya, que no fuera ese café con pan y mantequilla en la cocina, mientras se recreaba en los escaparates de su memoria.
Por las mañanas nunca tenía frío. Empezaba el día con el brío de un adolescente dispuesto a comerse la vida, con el propósito de hacer todo lo que había pensado, y si podía; disfrutarlo. Por las mañanas estaba llena de energía. Entraba y salía, salía y volvía a entrar. La cocina comunicaba con una enorme terraza. Una terraza llena de plantas, sus geranios y su yedra… su ropa tendida al sol. Esa terraza era su casa, su recreo y media vida. La otra media la repartía entre los recuerdos en blanco y negro, y las seis sillas del colegio.
Y tarareaba…
Viejas canciones de su infancia, con olor a sur, entre dientes… siempre olvidando la estrofa siguiente, siempre le emocionaban. Tarareaba mientras frotaba la ropa en la pila (porque ella nunca dejó de usar la pila, a pesar de haber comprado ya 3 lavadoras) La ropa la metía ya limpia en el ‘bombo’, al que nunca consiguió entregarle su confianza. Y frotaba y frotaba… se olvidaba de las manchas mientras se le iba la cabeza a otros escenarios, a otras épocas. Épocas que rimaban con la estrofa olvidada.
Y entraba y salía, de su terraza a la cocina, de la cocina a su terraza. El tiempo se dilataba tanto como ella decidía y necesitaba. Porque ese era su tiempo, su rutina y su momento. Sus canciones y su pila. Y nadie iba a negarle el placer de contemplar sus macetas brotando y su ropa inmaculadamente blanca. Como su voluntad; inmaculada. Porque llegó virgen a su terraza, y vírgen se quedó en ella. Atrapada en ese altar no escogido, era imposible condenarla, porque las manzanas estaban más allá de su barandilla. Justo donde la vida pasaba. Una vida a la que se asomaba cada día, pero por la que nunca tuvo tiempo de pasear, estaba demasiado ocupada. Una vida que tenían otros, otros a los que esperaba luego para que le contaran.
Cuando volvían del otro lado, a irrumpir en su soledad, resoplando y reclamando cuanto hiciera falta. Nunca imaginaron que alguna vez olvidarían el olor a lejía, la palabra sabañón, pesetilla, butaca… Tantas cosas insignificantes que suman todo. Tantas cosas querían y tenían que hacer todos más allá de la barandilla. Tenían todo el tiempo y muy poco, para pensar qué sería de sus quejas si un día al volver no estuviera ella entrando y saliendo de la cocina a la terraza.
…
El café se había quedado helado. Cuánto rato llevaban allí sentadas! Recordando estas cosas se emocionó. Trató de disimular la lágrima que se precipitaba mientras bajaba la cara.Y sin saber muy bien cómo ni porqué le confesó a su amiga que cada noche cuando cierra la puerta tras su espalda suspira, y extraña oír en la cocina la letra de alguna vieja canción en la voz de su madre mientras lava.






Grela tú relato me ha conmovido tanto…trajo a mi mente la imagen de mi viejita (mamá Toña) la abuelita… precisamente hacia eso; pasaba su vida en casa esperando oír del mundo de nuestras bocas no tenía tiempo para salir… la abuela que hace 4 años se nos adelanto a una mejor vida…y muchas veces al pasar al igual que tu relato por el umbral de la casa siento escucharla y extrañar su presencia….deseando verla allí de nuevo.Gracias Grela …tus relatos muchas veces gritan a mi corazón cosas de mi existencia…
Muy tierno, gracias por dejarnos volar atravez de tus lineas
Preciosa evocacion de esa figura materna sobre todo de la generacion de mi madre, hoy en dia tengo que salir por esa puerta pero siempre trato de disfrutar un ratito de mi terraza.
….. sin palabras….
Gracias Grela me has emocionado y dejado sin palabras. Un bello homenaje .
Un beso
Grela… no puedo explicar lo que me haces sentir… unos calcetines relucientes, unas manos algo hinchadas y con olor a lejía, el ruido de la olla en la cocina compitiendo con una canción de Soto en la radio… y una paz alquilada a horas en “su mundo” robado por seis monstruitos dispuestos a exprimir hasta su último suspiro de butaca… rutina preciada, apenas rota con excursiones a Pryca y viajes astrales a la Costa Blanca que daban sentido a nuestra existencia y sobre todo a la suya… inmensamente feliz con tan poco y amargamente infeliz por tanto… TE QUIERO
Uffff…. Grela, hacía tiempo que no te leía, no por desinterés u olvido, sino por esa falta de tiempo, sobre la que escribes en ese primer párrafo…
Eres fantástica!!!
…estoy conociendote y ya me enamore!!…de tu magia al escribir tus relatos…aunque por lo que pude leer de alguien que escribe de ti, eres como una fuente inagotable de estrellas que ilumina nuetros pensamientos, convirtiendolos en tuyos propios sin dejarnos escapar de esa realidad que solo tus miradas desde lo profundo de tu corazon puedes avistar y atrapar en tus escritos…lo tuyo es una bendicion!!
me dejaste sin palabras… espero que el aire te devuelva la enorme sonrisa que dibujaste en mi cara.
Gracias. Cada uno de vosotros me aporta nuevas letras.
Un abrazo amigo
Tarde, pero me incorporo a la lectura de tus relatos en los que me temo, puedo llegar a quedarme atrapada.
Encantada asumo el riesgo de ser seguidora de tus adictivas palabras, que transmiten pasión y un fuerte arraigo a los sentimientos y pequeños detalles que construyen una gran realidad.
En esta primera lectura he querido dejar constancia de mi admiración hacia ti. Felicidades por tu talento Grela!
Bienvenida… y sobre todo Bienhallada!!!!!
un abrazo
Grelita…cuántos recuerdos! cada uno una lágrima que no puedo, aunque intento, contener. Una descripción tan fiel, tan real…cómo echo de menos esas experiencias…cuánto me hubiera gustado poder recordarlas con ella.
“Tenían todo el tiempo y muy poco, para pensar qué sería de sus quejas si un día al volver no estuviera ella entrando y saliendo de la cocina a la terraza”….cuánta razón…entre otras cosas porque no quería pensar en que eso pudiera ocurrir, y ahora, el recuerdo me la acerca tanto, y como siempre, sin poder tocarla y abrazar a mi “canijilla”
TQ Grela! Te quiero mamá!
Me has transportado a mi infancia Grela guapa!! Al patio de mi casa, a la pila, a esa forma de dejar la ropa implacable que tenía también mi madre, antes de poner la lavadora. Hacia tiempo que no sentía el aroma de mi infancia y tu me la acabas de regalar, a ese patio donde por las tardes mi madre cosía escuchando la radio mientras yo hacia los deberes tirada en el suelo. Gracias Grela de nuevo., por adentrarme en tus cosas, permitirme que las disfrute contigo. Que maravilla cada vez que te leo me enganchas más. Un beso querida Grela.