Cinco

Que el tiempo es relativo, ya lo decían. Que todo depende de cómo, por qué y sobre todo con quién… es cosa mía. 

Hoy cumples cinco años. Y según cómo ¡es tan poco el espacio-tiempo que te separa de la posibilidad que eras antes de ser, y de la personita en la que te has convertido en este durante que precede todo lo que llegarás a hacer!  Y según cómo ¡es tanto tiempo ya!

Voy a seguir confesándote cosas pequeño, una vez más…

¿Sabes qué?  Siempre que hablo contigo, cuando te escribo y hasta cuando te pienso, pienso en tus papás. Y hacerlo es un poco hacerlo también con ellos y por ellos. Casi siempre también para ellos. Pero hoy especialmente. Como es normal.

Bueno pues… te contaba que el tiempo es relativo. ¿Qué es eso? pues es esa capacidad de que las cosas cambien de valor según con qué las comparemos. Y el valor es el peso que algo y hasta alguien tiene en nuestra vida, y al final y sobre todo en nuestro corazón.

Por ejemplo hoy cumples cinco años. Y para los que llevamos ya un rato en esta guerra nos parece un puñadito tan corto y tierno…

Pero si fueran cinco años de espera, de la más ansiada noticia, de la palabra precisa, de la confirmación  de cualquier sentencia que desterrara definitivamente todos los miedos y ninguna duda, si fuera la suma de todos y cada uno de los días con todos sus minutos y horas, esperando ese momento… Cinco años serían demasiado. Lo son. Lo están siendo.

Pero si fueran cinco años coleccionando risas, anécdotas, fotos, selfies y momentos, Arbitrando causas imposibles, lidiando contra todo pronóstico cada una, una a una todas las pequeñas -que tú haces grandes- conquistas, recopilando pictos, triunfos, amigos, retos, lealtad…y más risas. Cinco aún son pocos. Lo serán. Porque seguirán siendo. 

Para ti es Todo. Los niños tenéis  ese mágico talento,  de creer y sentir que la vida entera es vuestra. Todo es a partir de que llegarais. Para los padres la vida se parte en dos, antes y después de vosotros. 

Seguro que a tus papis estos cinco años les han pasado como un soplo. A veces. Y otros ratos habrán pesado como el plomo. Ya te lo dije; todo depende.

Pero sumando lo uno y lo otro, lo importante es lo que queda. Y quedas TÚ, con tu flequillo y tu sonrisa. Con esos hoyuelos que detienen el tiempo en tus manos rechonchitas. Con tus juguetes y tus quinientas versiones de Mickey, con tus gracias y tus manías. Con tus besos infinitos y tu cabezonería. Con tus pataletas y tu fotogenia. Con tu olor inconfundible y tu mirada distraída. Con tus palabritas sueltas y el abismo declarativo de tus ojos. Tú y tus cinco años de resiliencia instruida. Cinco años aprendiendo día a día. Cinco años en los que también ellos han crecido, todos los centímetros que en el pecho le cabían. Y han corrido una maratón cada día. Cinco años intensos, inolvidables, imprescindibles, irrenunciables.

Sumando lo uno y lo otro, lo importante es lo que queda. TÚ y cinco años de amor en sus vidas.

¡Felicidades pequeño Noel!



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