Aitana Sánchez-Gijón

Descuelgo el teléfono y en apenas segundos su voz me arrulla… Era la primera vez que hablábamos pero me resultó tan familiar y cercana, después de todo sí; la había oído tantas veces antes…

De pronto reparo en la idea de que las voces, como las personas, también pueden ser bellas.

Aitana Sánchez-Gijón siempre me pareció una persona profundamente bella. Más allá de sus facciones, de anguloso e innegable atractivo, que se reafirma en las curvas de su identidad, una mujer serena, de una madurez dulce, como matizada por una luz tenue y sin embargo brillante que alumbra una personalidad irresistible. Esos mismos pliegues en su voz, que como la excelente actriz que es sabe modelar con una elasticidad hipnótica, esos ángulos de su rostro, son los mismos que adivinan la órbita en la que uno quisiera suspenderse, como la trayectoria que recorren las partículas sometidas a campos electromagnéticos, atraído por el magnetismo de su naturalidad.

El suyo es un atractivo que nace de dentro, de los que siguen creciendo y van engarzando pieza a pieza la estructura de un cuerpo y un alma que se contonean unidos en una belleza reversible. Es apasionada, divertida, madre, actriz, comprometida, solidaria, culta, inteligente, muchas mujeres… y también ella.

Siempre me fascinó la capacidad de los intérpretes de ocupar vidas ajenas y hacerlas propias. De incluso dar vida a personajes que tal vez nunca la tuvieron. Me parece un talento tan poderoso como innato. Y en ese guiño a la ocasión de proyectar a todas las mujeres, decidí que ella, una mujer que vive dando vida a tantas otras, formara parte de esta muestra.

Es Mujer. Es Actriz. Crea

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Texto y fotografías © Grela Bravo

#mujeresquecrean



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