8,9 grados

Un fortísimo terremoto de 8,9 grados en la escala de Ritcher ha vuelto a sacudir hace unos días Japón. Es el titular de todos los medios en las últimas horas. El 4º más fuerte de la historia.

Por más páginas que ocupe en las crónicas diarias, nada es capaz de transmitir ya la magnitud real de una noticia, que nos llega casi en tiempo real, y de la que en apenas minutos podemos tener centenares de vídeos descargados en la red  y miles de imágenes. Esa ‘ocasión’ una vez más desnaturaliza los hechos. Se parecen tanto las escenas de la vida real a la ciencia ficción más fantástica de las películas, que estamos inmunizados a la impresión. Casi nos faltan efectos especiales algo más ‘logrados’ y banda sonora, para detenernos boquiabiertos a mirar en silencio.

Sin embargo, es escalofriante asistir a la retransmisión de un fenómeno, que aun pareciendo transcurrir a cámara lenta, arrasa cualquier absurda voluntad humana de perecer, de un plumazo. Como si el mar se abriera perezoso y se tragara de un bostezo la vida misma. Sin advertir siquiera el mismísimo fuego, que casi por arte divino flota sobre sus aguas sin lograr vencerle  el pulso.

Y en medio de toda esa fuerza de la Naturaleza, y del diálogo inapelable de sus elementos, el hombre. Él y su ingeniería, la construcción de sí mismo, su electricidad ordenada, sus edificaciones civilizadas, su orden y concierto… desaparece. Engullido. Pequeño, indefenso, diminuto. Se acabó.

En apenas minutos.

Y en el otro extremo del planeta, otros diminutos con-templan lo ocurrido, porque su tecnología les permitió poco más que filmarlo.

Leo detenidamente el artículo entero, en un humilde intento de tributo y pésame por lo ocurrido. Y de pronto un modesto titular que encabeza un pequeño gráfico, casi desapercibido, me abre de par en par los ojos, y me sacude también a mi. Aunque aún sea pronto para entenderlo y concluir, no quería dejar de compartirlo aquí. Sin saber si quiera si eso sirva de algo más que aportar un nuevo dato, una curiosidad más, con la ingenua esperanza también de que tal vez remueva alguna conciencia.

Un gráfico a pie de página me muestra la relación (casi directa) entre el nivel de riqueza de un territorio y el número de fallecidos tras sufrir cualquier tipo de seísmo. El porcentaje de muertos en las últimas catástrofes naturales en relación al Producto Interior Bruto (PIB) es inversamente proporcional.

Ya conocía el acuñado término «vulnerabilidad», que hace referencia a las condiciones socioeconómicas, que incluyen la zona de vivienda, la edad, la raza, el género, el nivel de ingresos, etcétera, que determinan el riesgo de una comunidad a sufrir una catástrofe, así como el monto de los daños y la posibilidad de recobrarse de estos. Todos sabemos que si se es pobre, se tienen menos posibilidades de educación, de contar con vestimenta adecuada, medios de transporte, salud, etc. Pero no todos éramos conscientes de que si se es pobre, no sólo existe mayor probabilidad de sufrir un catástrofe natural en carne propia, sino ‘Para más inri‘, no sólo sufrirla sino de salir sin vida de ello.

Se me antoja cruel la disposición y la naturalidad con la que las zonas más pobres y desfavorecidas tienen mayor riesgo y desprotección frente a este tipo de desastres.

Algunos españoles residentes en Japón han hecho llegar sus particulares crónicas del suceso, y lo que sin duda más les llamaba la atención era la capacidad de respuesta -racional, organizada, estructurada, rápida y efectiva- de los japoneses en medio de tamaña situación!

Pero la pulsión brutal de lo natural se impuso una vez más.

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3 Comments

  1. Susana says:

    Es brutal….. y encima la central nuclear también ha sido tocada…. se aumenta la catástrofe….

  2. AVG says:

    Si eres pobre tambien tienes mas papeletas de que te condenen a pena de muerte en EEUU que si eres rico.

  3. marco says:

    ha desquebrajado calles ha destruido casas y el tsunami ha sido catastrofico para las personas que vive en japon

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